En "El último liberal", Jaime Malamud Goti y Andrés Rosler recuerdan una idea hoy incómoda: el liberalismo no es gritar contra el Estado, sino someter el poder (todo poder) a la ley. No es épica, es límite y responsabilidad.
Leyendo el libro resulta inevitable pensar en Javier Milei; el Presidente se define liberal, pero su práctica política muchas veces se aparta de esa tradición, no tanto por sus diagnósticos económicos, sino por su relación con las instituciones, el disenso y las reglas.
El liberalismo que el libro reivindica desconfía de los personalismos y de las verdades absolutas. Defiende la división de poderes, la independencia judicial y el respeto por las minorías. La política entendida como una guerra moral puede movilizar, pero es peligrosa para gobernar.
El liberalismo clásico no ve al Estado de Derecho como un obstáculo, sino como una garantía frente al abuso, incluso del poder que dice venir a liberar.
Confundir convicción con intolerancia o reforma con desborde institucional no es nuevo en la Argentina, y siempre termina debilitando la democracia. "El último liberal" no ofrece consignas fáciles, propone algo más exigente: gobernar con límites. Un libro interesante para leer en estas vacaciones.
Noel Eugenio Breard - Senador Provincial UCR

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