La dictadura de Nicolás Maduro ha sido siempre objeto de nuestro más firme cuestionamiento. Se trata de un régimen autoritario que ha vulnerado sistemáticamente los derechos humanos y desnaturalizado el orden democrático en Venezuela.
Dicho esto, advertimos con la misma claridad que cualquier respuesta unilateral, carente de legalidad y al margen del sistema internacional, constituye un error grave y un precedente peligroso. Más aún cuando reaparecen lógicas propias de la vieja Doctrina Monroe de 1823 —“América para los americanos”—, donde la definición de quiénes son “los americanos” queda, en los hechos, en manos de una sola potencia.
Este tipo de acciones no solo debilita el derecho internacional, sino que profundiza divisiones internas en la región y legitima estrategias de fuerza en desmedro del multilateralismo y la legalidad, muchas veces con apoyos internos que operan como verdaderos caballos de Troya.
La historia ofrece advertencias elocuentes. Tucídides, en La guerra del Peloponeso, relata el diálogo entre atenienses y melios, del que surge uno de los adagios más crudos de las relaciones internacionales:
El fuerte hace lo que puede; el débil sufre lo que debe.
Por eso, frente a los recientes posicionamientos y amenazas de Donald Trump respecto de Venezuela, reafirmamos una posición clara y coherente: rechazo absoluto a la dictadura, pero también rechazo a toda intervención unilateral, ilegal y fundada en la lógica de la fuerza.
La salida debe ser política, multilateral y conforme al derecho internacional. Porque cuando se habilita que el fuerte actúe sin reglas, no solo pierde el débil circunstancial: se debilita el sistema internacional en su conjunto.
Noel Breard - Senador Provincial UCR

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