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Salir de la grieta: reconstruir Nación, democracia y confianza

La grieta no es solo un fenómeno discursivo ni el resultado de redes sociales incendiarias o campañas agresivas, es el síntoma visible de una fractura más profunda: la erosión del tejido democrático que sostiene la convivencia política.

Cuando una sociedad se divide en bloques irreconciliables, cuando el adversario pasa a ser visto como enemigo y la alternancia se vive como una amenaza, el problema deja de ser solo ideológico y pasa a ser institucional y moral.

Uno de los errores del debate contemporáneo fue abandonar el concepto de Nación por temor a que quedara en manos de la extrema derecha, pero renunciar a la Nación no la neutraliza; la entrega. Recuperarla implica redefinirla. La Nación no es biología; es política.

Ernest Renan ofreció una definición que sigue vigente: la Nación es “un plebiscito cotidiano”, la voluntad permanente de vivir juntos. Esa idea es profundamente democrática: no exige homogeneidad cultural, exige acuerdo político, no excluye la diversidad; la organiza bajo reglas comunes. Una Nación democrática no se define por expulsar, sino por integrar.

Pero una Nación integradora no puede construirse si la democracia está vaciada por dentro. Pierre Rosanvallon señalaba que las democracias se sostienen también en tres pilares invisibles: autoridad, confianza y legitimidad. La confianza es el capital invisible de la democracia; sin confianza, cada decisión se sospecha, cada política se interpreta como maniobra y cada institución se percibe como parte de un sistema cerrado.

El desafío no es eliminar el conflicto, nuestra tarea es institucionalizarlo, procesarlo dentro de reglas compartidas y convertir la diferencia en disenso, no en fractura.

La polarización extrema no es la causa, es la consecuencia. La economía también incide en este proceso; cuando la deuda crece más rápido que la producción, la frustración social se convierte en terreno fértil para soluciones simplistas. La grieta también se alimenta del desencanto económico.

Salir de la grieta implica articular tres dimensiones inseparables: Nación democrática, instituciones sólidas y desarrollo productivo. La Nación debe ser proyecto común, no identidad excluyente; las instituciones deben recuperar reconocimiento y previsibilidad, y la economía debe orientarse a la producción y al trabajo, no a la especulación.

Porque la democracia no se derrumba de un día para otro, se vacía cuando pierde autoridad reconocida, confianza compartida y legitimidad social. Salir de la grieta es volver a decidir cada día que queremos vivir juntos, con reglas, justicia y desarrollo.

Noel Eugenio Breard - Senador Provincial UCR.

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