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La otra grieta: el país unitario que se disfraza de federal

La Argentina no está quebrada solo por la grieta política, arrastra una fractura más profunda: la desigualdad territorial, un modelo que concentra riqueza, poder y decisiones en un núcleo reducido y deja al resto como periferia. Durante años simplificamos la crisis como una disputa ideológica, pero el problema real es otro: no somos un federalismo mal ejecutado, en los hechos funcionamos como un país unitario encubierto.



Los números lo muestran con claridad, diecinueve provincias generan apenas el 20% del producto, mientras un núcleo reducido concentra cerca del 80%. No es solo economía, es poder, pero lo central no es cuánto se produce, sino dónde se decide: el sistema financiero está centralizado, el crédito, la inversión y el capital se definen en Buenos Aires. No es una falla, es una arquitectura.

No es un modelo nuevo, lo grave es su persistencia; ningún gobierno lo corrigió, todos lo administraron. Tiene ganadores, un entramado de intereses financieros, económicos y políticos que se beneficia de la concentración. Por eso el cambio no llega: no falta diagnóstico, falta conflicto.

Esta lógica se proyecta hacia afuera, el Mercosur no corrige el centralismo, lo amplifica. El país llega desarticulado, Buenos Aires negocia y las regiones quedan subordinadas. En este contexto, la economía del conocimiento y la inteligencia artificial profundizan estas asimetrías; sin intervención, el futuro será aún más concentrado. No enfrentamos una ruptura violenta, pero sí una degradación silenciosa que erosiona la idea de nación.

La pregunta ya no es si podemos corregir la fragmentación, sino quién está dispuesto a perder para que la Argentina deje de perder.

¿Es reversible? Sí, pero requiere decisiones que alteren el poder: crear un fondo de convergencia regional, descentralizar efectivamente el Estado, federalizar el crédito y redistribuir la inversión científica. El Norte Grande es una base posible de federalismo operativo, pero mientras la queja sin estrategia no construye poder, las provincias deben dejar de actuar aisladas y coordinarse para incidir en decisiones estructurales.

La Constitución ya fijó el camino, el artículo 75 inciso 19 no es retórico; el problema no es normativo, es político. Exige algo que hasta ahora nadie parece dispuesto a hacer: ceder poder para construir un país.

Noel Eugenio Breard, senador provincial UCR

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