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Conferencia de Seguridad de Múnich: Occidente a dos velocidades y el regreso de la geopolítica.

La Conferencia de Seguridad de Múnich 62 no fue una reunión más; fue el momento en que Occidente empezó a preguntarse si sigue siendo una alianza cohesionada o si ya funciona a dos velocidades políticas y estratégicas. El llamado “Davos de la seguridad” expuso una transición silenciosa: el equilibrio entre Estados Unidos y Europa se está redefiniendo en un mundo que ya no responde al orden liberal posterior a la Guerra Fría.

Múnich viene marcando esos cambios desde hace años. Más allá de los matices en los liderazgos y las tensiones entre Washington y Bruselas, la conclusión es una: la geopolítica volvió al centro.

Como señala Carlos Pérez Llana, reaparece un debate que Occidente evitó durante décadas: la expansión de la OTAN. Esa ambigüedad (inexistente en lo legal, pero significativa en lo estratégico) alimenta la narrativa rusa y ayuda a entender que Ucrania no es solo una disputa territorial, sino la expresión de un orden europeo inconcluso.

Múnich también mostró fracturas internas. Mientras Estados Unidos prioriza la competencia con China y la seguridad fronteriza, Europa busca sostener la cohesión atlántica sin resignar autonomía. El bloque ya no actúa como un todo homogéneo y enfrenta límites energéticos, fiscales y demográficos.

En el plano económico, Joseph Nye advirtió que el poder blando se erosiona sin legitimidad, y Ray Dalio alertó sobre un “gran ciclo” marcado por deuda creciente y debilitamiento institucional. Ese clima se percibió en Múnich: economía, seguridad y geopolítica vuelven a fusionarse en un escenario más incierto.

En un mundo que se redefine, la neutralidad pasiva no es opción, pero el alineamiento automático tampoco lo es.

Para América Latina, la lección es concreta: no se trata de elegir entre alineamientos automáticos o repliegues aislacionistas, sino de construir una posición propia en un sistema internacional que se reordena alrededor del poder. Argentina no puede quedar atrapada en una grieta global ajena.

Múnich no anunció el fin de Occidente, pero sí su transformación. Y desde la Argentina, la conclusión es inevitable: en tiempos de transición, los países que no piensan su lugar en el mundo terminan ocupando el que otros les asignan. Nuestra política exterior debe ser menos reactiva y más estratégica.

Noel Eugenio Breard - Senador Provincial UCR.

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